Dicen que en tierras y aguas de Doñana, bajo las Marismas de Hinojos, yace una ciudad sumergida. Aparece en verano, cuando el nivel de agua disminuye, entonces, desde el aire, pueden apreciarse formas rectangulares como plantas de casas y formas circulares de hasta 200m de diámetro que pudieran pertenecer a un asentamiento humano anterior a la colonización romana de la peninsula Ibérica. Y cuentan que donde solamente debería haber arcilla, procedente de la sedimentación normal de una zona permanentemente anegada, hay dos capas diferentes de un metro o más de concentración de arena. Esto puede indicar que hubo tal vez un tsunami, de hecho, muy cerca de allí hay evidencias de otros dos posibles tsunamis, uno en el año 1500 antes de nuestra era y otro en el siglo II, después de nuestra era. Y sueñan encontrar la mítica Tarshish, que floreció según los libros entre los siglos X y IV antes de nuestra era, pero de la que nunca hubo una constatación cíentífica de su existencia, aunque todos los antiguos historiadores la citan, por ejemplo, Avieno, en su "Ora Marítima" la sitúa en el centro del lago Ligustino, en la desembocadura del Guadalquivir, en lo que hoy son las Marismas del Guadalquivir, donde se fueron los moros, que no se quisieron ir, según Fernando Villalón, el poeta que soñaba con lograr toros de ojos verdes.
Platón nos habla en sus escritos de una isla de 925 metros de diámetro, rodeada por unas estructuras circulares, algunas de tierra y otras de agua, y dos estructuras rectangulares, una de ellas sería un templo de plata dedicado al dios del mar Poseidón y otro templo de oro, dedicado a una diosa.
De momento, el misterio duerme aún bajo las aguas.
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