La soledad, la profunda soledad del ser humano en la época de las comunicaciones. La soledad en medio del bullicio y la alegría de los otros. Un tema para meditar en profundidad a la vista de lo sucedido a ese hombre que va a hacerse cargo de un piso comprado en una subasta, por falta de pago del dueño anterior que había dejado de pagar los recibos desde seis años antes. Nadie se interesó por qué. El hombre, al acceder a su nuevo piso, encontró dentro el cadaver de la antigua propietaria, momificado por los aires marinos. Llevaba seis años muerta, los mismos que llevaba sin pagar. Desde la muerte, no se paga.
Nadie se había preocupado por su existencia, ni la entidad hipotecaria, ni vecinos, ni amigos, ni familiares. Como si la muerta nunca hubiera existido. Parece que viajaba a menudo a Madrid, en vida, naturalmente, a visitar a su madre. A saber si su madre no yace muerta también en algún piso olvidado. En el número 16-18 de la calle Guilleries de la urbanización Mas Matas de Roses (Girona), María Luisa, la fallecida, había vivido en un gran aislamiento social, no pertenecía a ningún grupo, quizás desde su ventana contemplaba los alegres veraneantes pero ella estaba sola, completamente sola, hasta la muerte.
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