Que el Departamento de Defensa de EEUU haya manejado la idea de lanzar una "bomba Gay" y se haya gastado en los estudios al respecto 7´5 millones de dólares es la cosa más chusca jamás oida y ejemplifica a la perfección lo alegremente que gasta el dinero de los impuestos cualquier gobierno.
Lanzar sobre el enemigo una bomba a base de hormonas para desencadenar una orgía en el campo de batalla, esperando además que los afectados cambien sobre la marcha su opción sexual por no tener otra cosa a mano demuestra su escaso conocimiento de los seres humanos, así como sus propios problemas mentales respecto de la sexualidad.
Edward Hammond, de Laboratorios Wright, empresa que realizó el estudio, afirma sin ambages ser ciertos los hechos aunque ahora desde el Pentágono se nieguen ante la reacción escandalizada que se ha producido entre los ciudadanos estadounidenses. Quién les iba a decir a los hippys de los años 60 que aquello de "haz el amor y no la guerra" sería algún día doctrina oficial.
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