EL ENEMIGO INVISIBLE
La más temible de las armas es el uso indiscriminado de microorganismos, un enemigo invisible, mortífero y relativamente barato con un espectro de acción muy amplia y que se ha utilizado ya desde hace varios siglos.
Probablemente el primer caso de uso intencionado de microorganismos ocurrió en el siglo XIV, durante la guerra entre tártaros y genoveses. Hacia el año 1346, en Kaffa, lo que hoy es Ucrania, la peste infectó a los tártaros que sitiaban la ciudad y estos acusaron a los genoveses de ello. Antes de retirarse, el tártaro Djanisberg catapultó varios cadáveres infectados al interior de la ciudad amurallada, de modo que la enfermedad se extendió por la ciudad.
Para muchos historiadores, éste fué el principio de la expansión de la peste por toda Europa: los genoveses en sus rutas comerciales habrían llevado la enfermedad de un lado a otro. Primero, a través del Mediterráneo hasta Sicilia. Más tarde al norte de Africa, Italia, España, Inglaterra, Francia, Suiza, Austria, Hungría, Alemania, Paises Bajos, Escandinavia y el mar Báltico. Casi un tercio de la población (unos 25 millones de personas) europea falleció hasta 1352 a causa de la llamada Peste Negra o peste bubónica, con inflamación de los ganglios linfáticos, aunque también hubo casos de Peste Septicémica o de infección generalizada de la sangre y de Peste Neumónica o de inflamación pulmonar.
Aquel uso de la catapulta para infectar al bando enemigo tuvo dos consecuencias. De un lado, cundió el ejemplo y la extensión de los microorganismos de manera intencionada se convirtió en práctica habitual en las guerras y de otro, la religión aprovechó para culpar de la enfermedad, buscando una explicación fácil, a los pobres, los judíos, la brujería etc...que fueron acusados de envenenar ciudades enteras.
A lo largo de la historia los microorganismos se han seguido utilizando como guerra de desgaste, por ejemplo inutilizando el agua potable. Para salvar el obstáculo de las ciudades amuralladas, llenaban vasijas con fluidos pertenecientes a enfermos de cólera, peste o lepra.
También en América, en el año 1763, el general Bouquet tuvo en el frente Pitt, en Pontiac una terrible idea criminal, aprovechar la vulnerabilidad de los indios frente a la viruela para infectarlos. Repartió en invierno mantas infectadas con el virus y consiguió la práctica desaparición de la población indígena.
Ya en el siglo XX, durante la primera guerra mundial, Alemania infectó la caballería de Rumanía y los suministros estadounidenses enviados a los aliados a partir de una bacteria que afectaba a los caballos. En esa misma guerra el gobierno británico almacenó millones de raciones de alimento vacuno infectadas con antrax, dispuestos a dejarlas caer sobre los rebaños alemanes en respuesta a un ataque bacteriológico de su parte.
Durante la invasión de Manchuria, entre 1940 y 1944, Japón bombardeó once ciudades chinas con material contaminado de peste y tifus. Y en campos de concentración de prisioneros de guerra, los japoneses inyectaron a miles de prisioneros, chinos, ingleses, mongoles, americanos y coreanos, soluciones con principios activos de diversas enfermedades epidémicas.
En 1943 el ejército británico esparció en la isla de Gruinard, al oeste de Escocia, una gran cantidad de esporas del bacilo de antrax. Aún hoy llaman a esa isla la "Isla de la Muerte" porque sigue contaminada de antrax y resulta inhabitable.
Durante la guerra de Corea (1950- 1953) las Naciones Unidas acusaron a China de extender determinados virus entre los soldados que tenían a su cargo labrores de pacificación. En la misma guerra EEUU usó armas biológicas contra el ejército coreano y chino.
En marzo de 1995, miembros de la secta japonesa Aum Shinrikyo perpetraron un ataque en el metro de Tokyo con gas sarin en el que 12 personas murieron y 5.500 quedaron afectadas.
Ya en el siglo XXI se vieron envíos de sobres con antrax justo después del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, despertando una verdadera psicosis por un posible ataque terrorista islamista con estas armas invisibles.
Frente al arsenal nuclear, el coste del armamento biológico es relativamente bajo, lo que lo convierte en el más accesible para los paises del Tercer Mundo y los grupos independentistas La tercera guerra mundial posiblemente camine en ese sentido y los ataques del terrorismo árabe, también.
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