martes, 19 de febrero de 2013

¿QUEDARAN ILUSOS QUE QUIERAN COMER EN LA CAMARGA?

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¿QUEDARÁN ILUSOS QUE QUIERAN COMER EN LA CAMARGA?

El asunto del restaurante de los espías nos depara cada día nuevas revelaciones, espiaron hasta al Ministro de Interior en una comida con la cúpula policial.

Han detenido a cuatro personas en Barcelona, el director general de la agencia de detectives Método 3, Francisco Horacio Marco, que confiesa haber destruido los miles de informes realizados, los ex trabajadores Francisco Borreguero y Julián Peribáñez, ambos responsables, al parecer, de las grabaciones en 2010 a Sánchez Camacho mientras comía con la ex amante de Jordi Pujol Ferrusola, y la jefa de operaciones de la agencia, Elisenda Villena, hermana de Ana Villena, asesora jurídica del PSC, todos ellos acusados de revelación de secretos.

De momento han tenido que poner a varios policías vigilando la sede de la agencia para prevenir que desaparezcan papeles de su interior.


 ¿Recuerdan cuando Rubalcaba presumía que no se movía una hoja sin que él lo supiera? Pues parece que un hermano suyo tiene cierta relación con una señora que trabajaba en la agencia Método 3, autora de todas las escuchas; igual de ahí podían proceder sus fuentes, o de los floreros de La Camarga, donde ponían micrófonos a tutiplén y se podía escuchar todo lo que se hablaba entre arroces y pescados.


A estas alturas, los ciudadanos empezamos a preguntarnos si hemos perdido por completo la libertad, si cualquier agencia de detectives a instancias de un marido celoso o una esposa resentida, un rival en los negocios o un socio malvado, puede pinchar impunemente nuestro teléfono fijo, o espiarnos las conversaciones con el móvil con uno de esos programas al efecto; o tal vez nos han puesto un dispositivo en el coche para saber dónde vamos y qué hablamos en su interior.

Total que tendremos que pasarnos la vida escaneando nuestra empresa y nuestro hogar, vigilando papeleras, floreros  y ordenadores por si nos han instalado un software que les permita conocer cuanto hacemos, y deberemos comprarnos un terminal encriptado que codifique nuestras conversaciones e impida que sean escuchadas por tanto espía como parece que pulula por el país, aunque nuestras conversaciones sean tan inocuas como hablar de la próxima Primera Comunión de Purita o la boda de Pepe, porque estos son capaces de copiarle el vestido a la niña o quitarle el restaurante a los futuros contrayentes. Estos espías parecen sacados de la guerra de Gila, pero por eso mismo tienen un enorme peligro, no sólo porque no respetan los límites legales, sino porque a continuación cuentan a voces todo lo oído.

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