lunes, 10 de septiembre de 2007

LO QUE LA BELLEZA ESCONDE

La belleza, definida como el esplendor de la forma a través de la materia, nos produce siempre atracción y bienestar al contemplarla, produce placer a nuestra mente y nos provoca sentimientos de ternura y protección. En cambio, la fealdad estimula nuestro descontento al advertirla y hace nacer en nosotros sentimientos negativos.
Resulta agradable y estimulante rodearse de objetos bellos, ya desde la antiguedad se conceptuaba la belleza como armonía y equilibrio con la Naturaleza.
Pero la belleza exterior, como decía George Sand, no es más que el encanto de un instante y la apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma.
El anhelo por la belleza parece estar escrito en nuestros genes hasta tal punto que confundimos, muy erróneamente, la belleza con la bondad.
No podemos creer que un ser hermoso sea malo, igual que nos cuesta reconocer que un ser cuya fealdad nos horroriza, pueda ser bueno.
Desde hace unos meses, el mundo entero se ha enganchado de una pareja atractiva, con aspecto sano y cuidado, unas personas que se presumen educadas y cultas, ambos profesionales con un buen trabajo y una excelente posición social. Alrededor de esta pareja, en su entorno más directo, ha sucedido una gran tragedia y esa tragedia personal suya, gracias además a una gran campaña de marketing mediático ha llegado hasta el último rincón de la tierra, despertando el dolor, las simpatías e incluso el bolsillo de la mayoría.
Esta misma tragedia la viven a menudo otras personas, menos atractivas, menos inteligentes y sin dinero, y a nadie les despierta la solidaridad y la compasión. Aunque la tragedia de la pérdida de un ser querido sea siempre terrible para todo el que le sucede.
Pero la belleza en este caso esconde también otras cosas, detalles mínimos a los que el público, cegado por la armonía rubia y rosada, no ha dado la importancia debida, y no sé si los responsables del caso la han analizado suficientemente.
Esta pareja, tan hermosa y sana, pasaba unos días de descanso fuera de su país junto a otras parejas, igualmente rubios, hermosos y sanos y, curiosamente, de su misma profesión.
A las seis de la tarde de un infausto día de primavera se les vió recoger a sus tres hijos de la guardería del hotel, donde jugaban seguros y protegidos, y llevarlos a tomar un helado a una céntrica cafetería. Esa era la cena de los niños de cuatro y dos años. Volvieron al hotel y no aceptaron la niñera gratuita que los servicios del hotel pusieron a su disposición. Prefirieron dejar a los niños bañados, acostados y durmiendo. A las 20h estaban citados con sus amigos para cenar juntos, solamente los adultos, aunque las otras parejas también tenían hijos allí y tampoco hicieron uso de los servicios gratuitos de niñera del hotel.
Nadie ha dicho que los chiquillos estuvieran resfriados, pero sí se han publicado declaraciones del abuelo materno en el sentido de que era habitual darles Calpol para dormir. El Calpol existe con el principio activo Ibuprofeno o con Paracetamol, ambos de efectos similares, actúan reduciendo la temperatura corporal (están indicados para la fiebre) y reduciendo las prostanglandinas, que son sustancias que el cuerpo produce en respuesta a lesiones o enfermedades. Las cajas y por lo tanto los milígramos, son diferentes según las edades, no pueden tomar la misma cantidad niños de dos años que niños de cuatro, por una cuestión de peso corporal. El largo uso de estas sustancias puede afectar a la coagulación de la sangre. El laboratorio no aconseja su uso, de ninguna manera, para dormir "mejor". Por otra parte, cuando en una familia se da una medicina a uno de los miembros, una precaución básica sería asegurarse de que otro miembro de la misma no se la ha dado ya y mucho más en el caso de niños pequeños.
También se ha publicado que se turnaban para que alguno de los miembros de la reunión pasara a ver como andaban los niños cada hora. Sin embargo ningún amigo ha asegurado haber entrado en la habitación de los niños de la pareja que nos ocupa, aunque sí aplicar el oido a la puerta y comprobar el profundo silencio. Es decir nadie desde las seis de la tarde volvió a ver con vida a la niña de cuatro años, con excepción de la versión que puedan dar sus padres.
De las otras parejas que asistían a la cena, uno de los hombres se ausentó en el aperitivo y regresó a los postres. Nadie ha informado en que asuntos estuvo ocupado.
Número de botellas de vino ingeridas aparte, nadie parece tener claro el orden de las visitas a los niños, aunque el padre de la desaparecida dice haber ido a verlos a las nueve de la noche y comprobado que estaban dormidos, la madre acudió a las diez y ya faltaba la niña. Ante el jaleo acudieron vecinos portugueses dispuestos a llamar a la policía, pero los padres prefirieron buscar por los alrededores y no llamaron hasta una hora más tarde, aunque dijeron al principio a los vecinos que la policía ya estaba avisada.
Cada persona expresa el dolor dentro de su carácter y la educación espartana inglesa impide expresarlo a gritos como se expresaría, por ejemplo, en Nápoles. Pero esa mirada de hielo parece dudosamente dolorida.
Indudablemente los amigos están para ayudarte en los momentos de apuro, así que de haber ocurrido algo previamente a la desaparición, alguno de los amigos debe estar enterado y haber colaborado, incluso.
Es curioso que las circunstancias cambien de repente y la gente se guíe más por lo que lee en la prensa que por sus propias convicciones. Ejemplos: el Vaticano ha retirado de su web el enlace que había puesto a la web de búsqueda de la criatura nada más conocer la condición de sospechosos y eso a pesar de haberlos recibido el mismo Papa y haber hablado personalmente con ellos, el obispo ha ordenado al sacerdote del pueblo que les obligue a devolver la llave de la iglesia que les había dado y encima le ha echado la bronca al pobre cura. Por cierto es completamente inhabitual andar dando a particulares las llaves de las iglesias, otra vez como fondo la belleza.
Y al final de todo, del dinero recogido, de los periódicos vendidos, de la inmensa bola de nieve creada con el caso aunque sea en pleno verano, hay otra belleza más pura, casi transparente que se diluye, la de la pequeña inocente desaparecida cuyos ojos inolvidables engancharon al mundo.
Si fuera cierto que hubo un error que concluyó en tragedia y ese error ha pretendido taparse con todo el circo mediático montado alrededor, la incapacidad de afrontar los propios errores es tan grave como el error mismo.
Cuidado pues con dejarnos seducir con la belleza porque si esto le hubiese sucedido a una pareja mal encarada, morena, de baja extracción social, las cosas hubieran sucedido de muy otra manera.
Busquemos pues lo que la belleza esconde porque no todo lo hermoso es necesariamente bueno.

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