

Alberto Ruíz Gallardón ha sido hasta ahora un buen gestor en todas las tareas que le han sido encomendadas por su partido, es un hombre inteligente y ambicioso, pero la ambición personal nunca puede hacer perder los papeles ni los modales a un buen político. Los madrileños no tienen la culpa de que en su partido, Rajoy no haya querido ponerle en las listas al Congreso. Su pataleta de niño a la salida de la reunión con Rajoy, Acebes y Aguirre, dice muy poco en su favor. Cuando un político aspira a algo debe llevar siempre dos discursos preparados, el de "si gana" y el de "si pierde". Gallardón en el mismo momento que ganó las municipales madrileñas ya expresó su deseo de ir en las listas, deseo que ha ido repitiendo a lo largo de estos meses. Y quizás hubiera conseguido su propósito, primero si no hubiera machacado tanto sobre ese tema y segundo si Esperanza Aguirre no tuviera exactamente las mismas ambiciones que él, pero como mujer, más astuta, las ha trasmitido a Rajoy a través de Acebes y no en público. Conociendo las ambiciones de ambos, "por ayudar" a Rajoy (como mejor le ayudarían es calladitos y ya se ve que no), nadie sensato estaría dispuesto a meter en las listas y por lo tanto en el Congreso a dos antagonistas de esa talla deseando moverle la silla y la manera de parar esto quizás haya sido tardía como dicen, pero desde luego ha sido efectiva. Y si Gallardón como él mismo cree tiene la suficiente talla política debe saber perder y seguir trabajando por los madrileños, sin que ello sea óbice para que siga aspirando a su propia oportunidad. Pero sin pataleos de niño maleducado "ea, si no voy en las listas, me voy", esas no son maneras de un buen político, quien aspire a Presidente de un país debe saber aceptar las buenas y las malas rachas con la misma sonrisa porque, como decía Kipling, saber aceptar por igual fracasos y triunfos es lo que realmente te hace hombre. Porque realmente, triunfes o fracases, tú sigues siendo la misma persona que eras antes.
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