El perro, sin entender muy bien lo que había pasado, esperó que se hiciera de noche y que todos en la casa estuvieran ya dormidos, fue al jardín, desenterró a Arthur y lo metió en la casa a través de la gatera, una vez dentro lo estuvo lamiendo hasta limpiarlo por completo de la tierra que tenía adherida al cuerpo. A la mañana siguiente los dueños contemplaron confusos como Oscar estaba dormido abrazado a su amigo muerto. Naturalmente se vieron obligados a enterrarlo de nuevo pero ya fuera del jardín, donde Oscar no pudiera encontrarlo, y compraron otro gato para que pudiera tener un nuevo amigo.
Esta relación entrañable hace pensar cuan a menudo los humanos olvidamos los deberes de la amistad y ya ven, un perro los conoce mejor que nosotros.

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